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Periodismo para la gente

Mötley Crüe

Mötley Crüe

Era todavía un estudiante de colegio cuando ellos llegaron a mi vida…

Uno de mis compañeros de clase, cuya única hermana mayor me gustaba mucho, me dijo que vaya a su casa esa tarde para copiarle la tarea.

Todavía recuerdo que aquella tarde de tareas fui a la casa de mi compañero con la mente en blanco, sin otra cosa urgente en la cabeza que el de volver a la hora prometida.

Llegué como a eso de las tres. Y para mi feliz sorpresa, ella abrió la puerta. Parecía de colores.

Atravesando por un patio mojado por culpa de la ropa recién lavada, que secaba a retazos, a la luz de un sol egoísta, y en largos alambres colgados de no se sabe dónde, me llevó hasta la sala.

Ahí estaba mi compañero de clase, listo para el deber.

Poco después de la primera media hora de trabajo, ella se acercó hacia nuestra mesa y nos preguntó si habíamos terminado.

                                              

—No todavía —le contestó mi compañero.

—Escuchemos algo de música, ¿sí? —sugirió.

                                              

Ni mi compañero ni yo contestamos palabra alguna. Parecíamos concentrados. Entonces, ella se dirigió hacia un mueble donde había un grupo de discos de vinilo, ubicados debajo de su estéreo. Extrajo uno y lo puso sobre la mesa.

Hasta ahora no termino de entender por qué, aquella tarde de tareas, dirigí mi vista hacia el disco. Confieso que nunca antes en mi vida había visto cosa semejante.

No se parecía en nada a los que mi papá tenía en casa, como tampoco se parecían a aquellos que él, junto a mi madre, rechazaba a don Dionisio (en mis tardes de tareas) cada que éste llegaba al pueblo con su enorme caja de discos recién comprados de la ciudad.

En efecto: la contextura de este nuevo disco me parecía más grande y gruesa que las que había visto antes. Y si obviamos ese detalle, su tapa (toda de negro perfecto) tenía un círculo rojo en cuyo interior parecía brillar una estrella de cinco puntas rojas con una leyenda en inglés que nunca hubiera entendido si es que ella, con sus ojos de fuego –y riéndose otra vez– no lo hubiera traducido.

Di la vuelta la tapa del disco, y me llevé la peor impresión de mi vida. Se dividía en cuatro cuadros exactos. En cada uno había un hombre que parecía darle la espalda a un contorno terrorífico de grandes incendios y desastres.

Todos iban vestidos como en los tiempos de Cónan el Bárbaro, con la única diferencia de que éstos «guerreros» no parecían héroes sino afeminados y villanos.

                                              

—¡Ay, mi Dios! —dije.

Ella volvió a reírse. Nos dirigimos, entonces, hacia el estéreo. Y apenas acabaron los dos primeros minutos de música, comenzó todo para mí.

                                              

Aquella tarde de tareas, me olvidé de mi compañero de clase; me olvidé de los deberes; me olvidé de que estaba en su casa; me olvidé de que tenía que llegar temprano a la mía; me olvidé de mi cigarrillo recién prendido en el cenicero con cabeza de dragón y hasta me olvidé de que ella me gustaba.

Sentí, entonces, cómo el resplandor de una magia, difícil de explicar, se apoderaba de mí ser.

Así llegaron ellos a mi vida. Ellos, quienes desde esa tarde de tareas, se convirtieron en parte de mis mejores amigos: 

MÖTLEY CRÜE...

Carpintería

Carpintería

 Escribir claro y sencillo no constituye un enojado capricho gramático.

 

Por el contrario; es la llave que abrirá nuestra mejor puerta de expresión ante el mundo.

 

Nos podrán entender, y ¡cuanto mejor si logramos convencer!…

Cuando el verso habla al poeta

Son tus ojos

mi ventana al mundo.

 

Es tu llanto

mis peleas con la vida.

 

En tus manos

nace mi expresión.

 

Y en el papel

intentaré vivir

 

para siempre,

para siempre... 

De Ordenanzas incumplidas y globazos en la calle

De Ordenanzas incumplidas y globazos en la calle

La locura de lanzar globos a cualquiera parecía la única consigna de no quedar indiferente. No había tiempo para reflexionar. La réplica bien era otro globazo, un disparo de espuma, un chicotazo con las tradicionales matasuegras de pepinos o –en muy pocos casos– riñas improvisadas que rozaban los puñetazos, pero que terminaban en un intercambio poco amable de miradas.

 

Ganó la tradición de mojarse ante cualquier Ordenanza; no existía voz que se anime a recordar que La Paz podría sufrir en los siguientes años severa escasez de agua, por culpa del calentamiento global o el deshiele de sus nevados o la poca agua que tienen sus represas.

 

La prohibición de vender agua, impuesta por la Alcaldía Municipal de La Paz en las calles, no tuvo efecto. Varias vendedoras de globos complacieron la necesidad de mojarse; típica de los días de Carnaval. Una de ellas –incluso– se atrevió a sentenciar: “¡Cuándo se ha visto Carnaval sin agua, pues!”

Crédito de la foto: www.flickr.com

No se me ocurre ningún título

No se me ocurre ningún título

En el laberinto de las palabras

puede que también haya

algunas respuestas para la vida.

 

Por ejemplo,

cuán parecidas son

 

«Fuego» y «Hierro»;

«Dedos» y «Alfarero»;

«Musa» y «Música».

 

Las primeras infunden

miedo.

Las siguientes se moldean con

pueblo.

Las últimas provocan placer

estético...

 

 

 

 

 

 

 

 

Una larga caminata tras el voto

Una larga caminata tras el voto

La sorprendimos caminando en la extensa carretera con dirección a su colegio electoral. Es un viaje largo de 45 kilómetros, cuando menos. Le iba a costar tres largas horas de su vida.

Tendría 70 años. Su rostro moreno y quemado por el sol presentaba demasiados surcos que denotan una vejez avanzada.

No hablaba ni una palabra en español, sólo aimara. Era tan parca en sus respuestas, que apenas se la escuchaba.

Tal vez no tuvo tiempo para decirle a la ley que había cambiado de vivienda. Tal vez vive sola y no tiene quién la ayude. Tal vez confió en que iba a llegar a su destino un día antes de lo previsto. Pero no. No supo que la prohibición de viajes había entrado en rigor dos días antes.

Con ese descuido a cuestas, la sorprendimos caminando por la amplia carretera, sin otro fin que el de cumplir con su deber cívico.

Cuando llegamos al pueblo, la mujer anciana buscó una banca para descansar su diminuto cuerpo. Aceptó callada y humilde el agua que le invitamos. Votó en una de las cuatro mesas que rodeaban la plaza “14 de septiembre”, llamada así porque este lugar celebra su cumpleaños esa fecha.

Sólo entonces, pude ver en su rostro una leve sonrisa.

Ryszard Kapuściński, homenaje...

Ryszard Kapuściński, homenaje...

Un 23 de enero, pero de hace dos años, el periodista polaco Ryszard Kapuściński cerró los ojos para siempre.
Dejó para nuestro deleite el humilde poder de sus enseñanzas, vestidas de palabras sencillas. Con ellas ha reflejado la experiencia del mundo que le tocó caminar, sin otra armadura feliz que la de ser periodista. Esa condición en él fue más que apropiada: le permitió comprender cómo el género humano cae ante el poder.
Pero lo hizo con una prosa tan particular que alcanzó ese deseado carácter universal; como la misma poesía: de nadie, pero al mismo tiempo, muy de nosotros, cuando todas sus crónicas periodísticas nos llenan el alma, nos atrapan la atención y lo olvidamos todo...
Esa es la palabra exacta para este caso: su prosa nos llena de una felicidad inexplicable que no termina de sorprendernos.

¡¡¡Gracias!!!

Cuba: (1959-2009) La revolución deseada y condenada, pero viva...

Cuba: (1959-2009) La revolución deseada y condenada, pero viva...

La herencia que la revolución cubana nos dejó en América Latina es un escenario de opiniones encontradas. Unas la apoyan; otras la condenan con el argumento casi demoledor de que para combatir a una dictadura no era necesario instaurar otra.
¡Cuánta razón reside en esa idea! Pero también es importante comprender que los procesos históricos (cuyo gatillo es siempre la política) nunca serán sencillos como cuando prendemos o apagamos un interruptor.
Una revolución, por su carácter histórico, nunca será una reforma a regañadientes o un cambio político radical que, mucho menos, puede presumirse de pacífico.
En el caso de Cuba, en 1959, se combatió a una dictadura cruel porque las condiciones históricas y sociales estaban «acordes» para que ello sucediera. Y, a renglón seguido, se instauró otra que aún restringe las libertades de prensa, de información y de expresión.
Esto ocurre porque Cuba “aún se encuentra en guerra contra Estados Unidos”, país que “apuesta al desgaste” político de la Isla. Por esta razón, Gringolandia ha decidido no invadirla, tal como lo hizo con Irak o Afganistán, según me lo contó el periodista cubano Luis Sexto, hace un par de años.
La ofensiva estadounidense contra Cuba ha sido el bloqueo económico, impuesto en 1962, y según reporta la agencia EFE, las pérdidas económicas en Cuba ascienden a los 93.000 millones de dólares.
Además, Cuba tampoco representa un peligro terrorista frente a algunos países de Oriente Medio como para hacerle saltar de la silla presidencial a George W. Bush, víctima de una preocupación severa.
Lo cierto es que desde hace 50 años, el país se convirtió en la piedra del zapato para Estados Unidos, y también en el símbolo de una derrota que a todo GRANDE le incomoda. Esos criterios caminan sobre la mesa del debate, luego de 50 años de la revolución cubana.
En América Latina, los ejemplos de cómo la pasión política se antepuso a la razón histórica (ignorando las condiciones sociales) que trataron de imitar la revolución cubana dejaron consecuencias rojas de un negro vacío en las familias, que hasta el día de hoy arrastra generaciones enteras.

Foto:Tomada del diario La Razón-Lpz Bol.